Serafina Dávalos

Serafina Dávalos

Nació: en la ciudad de Ajos, Paraguay, en 1883. Falleció: en Asunción, el 27 de septiembre de 1957.

Serafina Dávalos fue la primera abogada paraguaya y la primera mujer que egresó de una universidad en aquel país. También fue una activa feminista.

Pedagoga y legista que ocupa un lugar destacado en la lucha de las mujeres, en un arco que va de lo social a lo político: desde la educación de las niñas y el acceso a la Universidad, hasta la conquista del sufragio y el impulso del feminismo. Su pelea fue desigual pero sólo al comienzo, ya que preparó el terreno para que otras ocuparan el lugar que por derecho les correspondía. Su figura es comparable con la de Adela Zamudio en Bolivia, Rita Cetrina en México y Clorinda Matto de Turner en Perú.

Como toda pionera, Serafina Dávalos fue una incomprendida gran parte de su vida. Su osadía fue defender los derechos de las mujeres, soñar con un país equitativo e igualitario, y ser la primera Abogada recibida en el Paraguay. El título de su tesis fue Humanismo, una propuesta de reformas institucionales para elevar la condición social de sus congéneres. Los hechos son estrictamente analizados a la luz de la Constitución. Con este tema se recibió como Doctora en Derecho y Ciencias Sociales en 1907.

Antes de su titulación, fundó la Escuela Mercantil de Niñas en el año 1904, para la formación de peritas mercantiles y contadoras. Ese mismo año firmó con otras mujeres una solicitada pidiendo la paz a los revolucionarios de la Guerra Civil, esto terminó con el Partido Colorado y abrió el camino al Partido Liberal.

Su fama como pensadora ya era indiscutida. Integró el grupo «La Colmena», centro de la intelectualidad paraguaya. Rafael Barrett, el anarquista de origen español y pluma brillante la llamó «La reina de la colmena [ya que] una colmena sin reina no está completa». Y ella se ganó ese lugar. En la reedición de Humanismo tras el centenario de su presentación, la investigadora Milda Rivarola dice: «No se publican en esos años libros sin nombrarla. Con grandes fotos, con alusiones más o menos directas. Un viajero español la menciona como el indiscutible ejemplo de la liberalidad alcanzada por la mujer paraguaya».

Ya abogada participó como delegada del gobierno paraguayo en el Primer Congreso Femenino Internacional de la República Argentina. Allí presidió la Comisión de Derecho y fue nombrada Miembro del Comité Ejecutivo de la Federación Panamericana de Mujeres. A pedido de la organización, cerró el congreso con un citado discurso. Fue una gema en un mundo masculino que dejó preparado el terreno para las mujeres que vinieron luego. Para esto contó con un espíritu valiente y visionario segura de que la igualdad era posible.

Creó el Movimiento Feminista de Asunción, en coincidencia y para generar consenso por un proyecto de ley sobre derechos civiles y políticos de la mujer. En 1951 fue consejera de la Liga Paraguaya Pro Derechos de la Mujer, donde su profesión de abogada sirvió para la modificación de leyes discriminatorias. Cinco años después la nombraron Presidenta Honoraria de la Liga. Por su probada trayectoria integró el Tribunal Superior de Justicia. Sin embargo, no vio en vida que las mujeres fueran ciudadanas y pudieran votar, pues Paraguay fue el último país de América en reconocer ese derecho. Falleció en la pobreza en 1957. Sus restos fueron depositados en el Cementerio de la Recoleta. Su lucha de toda la vida y sus creencias liberales le dieron aún un premio póstumo: le negaron funerales cristianos.

¡Basta!

En su tesis Humanismo leemos: «Basta del engaño sistemático de que se hace víctimas a las niñas en las escuelas, enseñándolas que carecen de derechos políticos y que no deben interesarse por todo lo que al gobierno de su país se refiere. Esta propaganda traiciona los intereses más fundamentales de las mujeres; y este engaño, elevado a sistema, deberá desaparecer y ser sustituido por la enseñanza de la verdad sin ambages ni reticencias».