Maya Plisetskaya

Maya Plisetskaya

Nació: en Moscú, Rusia, el 20 de noviembre de 1925.

Maya Plisetskaya es una de las grandes figuras de la danza clásica, distinguida como prima ballerina assoluta por su calidad técnica e interpretativa. Ya mayor, sigue impartiendo clases, y se ha consolidado como una destacada directora.

Esta deslumbrante mujer combina todo lo que es deseable en una bailarina: talento natural, técnica perfecta, agraciada figura, proporciones inmejorables y dotes dramáticas. Ello hizo que fuera tempranamente considerada una bailarina de excepción. Dedicó su vida a la danza, y destacados coreógrafos del siglo XX como Jakobson, Roland Petit, Béjart o Grigoróvich le dedicaron sus obras. Comenzó siendo muy pequeña y después de ocho décadas, sigue ligada a la pasión de su vida.

La bailarina nació en Moscú, es hija de la legendaria actriz de teatro y cine mudo Raquel Messerer. Su padre, representante del gobierno soviético, fue ejecutado por orden de Stalin cuando Maya tenía doce años. Al cabo, su madre y uno de sus hermanos fueron confinados en el Gulag, y ella se vio convertida en enemiga del pueblo sin haber llegado a la adolescencia.

Se había iniciado en el mundo de la danza cuando tenía apenas tres años. A los nueve ingresó en la Escuela de Danza de Moscú y destacó por su brillante técnica, y por ser una de las pocas niñas que asistía de forma asidua a las clases.

A los dieciocho se graduó en la Escuela Coreográfica del Gran Teatro Bolshoi, una de las más importantes del mundo, formando parte de su elenco estable y llegando a ser la primera bailarina. En sus comienzos profesionales interpretó La muerte del cisne, debut escénico con el que causó sensación. Precisamente, El lago de los cisnes fue una de las obras que más bailó a lo largo de su carrera, convirtiéndose en su mítica intérprete.

Pronto la crítica quedó subyugada por su estilo inconfundible, que se adelantaba a su tiempo: sus bailes parecían modernos. El éxito le llegó de inmediato, y se granjeó el apelativo de Reina del aire por el impacto que causó con sus singulares saltos y giros.

Por otro lado, gracias a su enorme versatilidad interpretó una amplia gama de personajes a lo largo de su extensa trayectoria. Entre eilos cabe destacar a la perversa Kitri, en Don Quijote, y a la apasionada Carmen o a la heroica Laurencia en sendos ballets del mismo nombre.

Esta leyenda de la danza clasica protagonizó diversas obras creadas especialmente para ella: La rose malade, de Roland Petit o Isadora, de Maurice Béjart, son algunas de ellas. También se desempeñó como directora del Ballet de la Ópera de Roma y del Ballet lírico Nacional de España, y fue homenajeada en repetidas ocasiones. Entre otras distinciones, Plisétskaya fue nombrada Doctora honoriscausa por la Universidad de Lomonosov y por La Sorbona, y publicó sus memorias bajo el título de Yo, Maya Plisétskaya, libro traducido a catorce idiomas.

También se desempeñó como directora escénica y coreógrafa en Obras como Ana Karenina, montaje realizado con partitura de su marido, el célebre compositor y pianista Rodión Shchedrín. Este hombre ha sido su compañero durante más de medio siglo, y conforman juntos una sólida pareja que le ha proporcionado a la artista una gran estabilidad, en contraste con el permanente torbellino que ha vivido en sus giras por diversos escenarios. En el año 2000, Plisétskaya y Shchedrín armaron juntos una Fundación ubicada en la localidad alemana de Mainz, a fin de preservar y facilitar el acceso a su obra artística. Actualmente, Plisétskaya es considerada una de las bailarinas más sobresalientes de la historia de la danza.

Sagrado gen

La familia tenía el arte en la sangre. La mamá de Maya Plisétskaya se llamaba Rachel Messerer, y tenía ocho hermanos: Pnina, Azarías, Mattany, Assaf, Elisheva, Shulamith, Emanuel Abinadab y Erella. Azari se convirtió en actor, Sulamith en bailarina y Asaf fue bailarín y coreógrafo y se hizo famoso. Rachel, por su parte, fue actriz hasta que se casó y tuvo tres hijos: Maya, Alexander y Azari, todos ligados a la danza y al teatro.