Mary Wollstonecraft

Mary Wollstonecraft

Nadó:en Londres, Inglaterra, el 27 de abril de 1759. Falleció:en Londres, Inglaterra, el 10 de septiembre de 1797.

Mary Wollstonecraft fue una intelectual del siglo XVIII que escribió Vindicación de los derechos de la mujer, estableciendo las bases del feminismo moderno.

Escritora audaz y autodidacta, sobresale como una de las grandes figuras de la modernidad. Fue una pensadora radical que tuvo la lucidez y el coraje de cuestionar, en una época en la que precisamente se luchaba por los derechos individuales y la libertad, el hecho de que las mujeres no estaban contempladas en las bases de ese impulso democrático. En un tiempo en el que sólo los hombres eran considerados ciudadanos legítimos y las mujeres apenas ocupaban un lugar de segundo orden, Mary Wollstonecraft denunció las injusticias sexistas reivindicando la igualdad de género.

El siglo XVIII es tan fulgurante en sus ideas como incoherente en sus actos: mientras Condorcet plantea que la libertad es de todos o no es de nadie y los adeptos se cuentan por miles, ese todos es tan poco inclusivo que deja afuera a las mujeres, lo que equivale nada más y nada menos que a la mitad de la población. El propio Rousseau considera que las sabias son un castigo, y para la inmensa mayoría lo más natural es que las féminas valgan en la medida en que son propiedad de algún varón. Con lo cual, no puede decirse que éste sea el contexto ideal para una mujer que no sólo cuenta con una inteligencia aguda sino que además tiene agallas.

Tal es el caso de Mary Wollstonecraft, quien, a pesar de haber asistido a una escuela mediocre en la que apenas recibió los rudimentos básicos para leer y redactar notas peladas, se convirtió en una de las pocas escritoras profesionales e independientes de su tiempo. Sensible a las injusticias que debían padecer sus pares y a las que ella misma había padecido por no pertenecer al universo masculino, insistió a lo largo de su vida en el hecho de que las niñas tenían derecho a ser debidamente educadas, cosa que ella se vio obligada a hacer de manera autodidacta. Sin embargo, a pesar de las dificultades y por más que la sociedad la mantuviera apartada de la educación formal Se las ingenió para tener acceso al conocimiento. Lo que era posible entonces gracias a lúe éste circulaba sin demasiadas trabas a través de la letra impresa: los libros eran cada vez más baratos y de fácil acceso.

Mary Wollstonecraft logró cultivarse, pensar con autonomía, escribir de un modo valeroso y ser independiente, pero le costó mucho. Creció en una familia condenada a las penurias económicas por las compulsiones de un padre jugador y alcohólico, se instruyó como pudo, fue niñera, institutriz, dama de compañía y maestra para mantenerse y ayudar a sus hermanos, y se trasladó a París en plena Francia revolucionaria. Allí Conoció a Gilbert Imlay, un norteamericano casi diez años mayor que la subyugó con su espíritu aventurero, y quedó embarazada mientras Robespierre hacía rodar las cabezas de muchos de sus amigos.

Pero el enamorado se retiró de la escena tan pronto como Mary dio a luz a Fanny, su primera hija, de modo que la crió sin ayuda, tras sufrir un profundo desengaño y marginada por su condición. Salió adelante sola y continuó escribiendo. Publicó cuentos, novelas y ensayos que la hicieron famosa, y se casó con quien primero fue su amigo y amante, el escritor demócrata William Godwin, padre de Mary, su segunda hija. A raíz de una infección Mary murió diez días después del parto. Tenía treinta y ocho años y dejaba tras de sí una importante obra que durante años el mundo se empeñó en ignorar estigmatizando a la autora, y que gracias al esfuerzo historiográfico se ha ido recuperando.

Frankensteín

La segunda hija de Wollstonecraft, Mary Godwin, se convirtió en la escritora Mary Shelley, autora de una bella novela gótica que la hizo célebre: Frankenstein. El protagonista de la historia es un monstruo que se siente excluido. Quiere recibir un trato igualitario pero nadie lo comprende, y muere en soledad. La imagen de este monstruo doliente encarna, para algunos, el símbolo de las sojuzgadas mujeres de aquel tiempo.