Emilia Pardo Bazán

Emilia Pardo Bazán

Nació: en La Coruña, España, d 16 de septiembre de 1851. Falleció: en Madrid, España, el 12 de mayo de 1921.

Emilia Pardo Bazán fue la escritora que introdujo el Naturalismo en España y dejó una prolífica obra ficcional, poética y crítica.

Era muy culta e intelectual, hablaba francés, alemán e italiano. Se casó siendo muy joven para los estándares actuales y no dudó en separarse cuando su marido quiso prohibirle seguir escribiendo. Si bien fue seguidora de Émile Zola y escribió artículos sobre él que le valieron críticas en su sociedad, su Naturalismo no tuvo el componente ideológico del francés sino que tomó recursos estilísticos y le sumó una mirada piadosa influida por su cristianismo. Fue una mujer moderna. Su amor de veinte años fue Benito Pérez Galdós, pero supo tentarse con amantes más jóvenes.

Emilia Pardo Bazán era noble de cuna, condesa tras la muerte de su padre y estaba destinada a tomar un camino conservador en su vida, a la altura dedicada para las mujeres del siglo XIX. Como se sabe, no existe el destino y ella lo descubrió tempranamente cuando ganó su pasión por la escritura. Sus padres fueron sabios y le dieron buenos consejos.

Sus primeras obras antes de su etapa naturalista fueron: Estudio crítico de las obras del P. Maestro Feijoó (1876), Jaime (1876), Pascual López (1879). La influencia de Zola comienza a notarse en Un viaje de novios (1881), La tribuna (1883). Una serie de artículos sobre la literatura experimental francesa -el Naturalismo- reunidos luego en el libro La cuestión palpitante (1883), causan escándalo, como todo lo nuevo. En 1884 se separa de su marido y escribe La ama joven . Inicia su relación con Benito Pérez Galdós. Su obra naturalista se plasma con maestría en Los pazos de Ulloa (1886-1887), que es considerada su obra maestra y donde muestra una gran capacidad de lectura de la caída del mundo rural.

También en La madre naturaleza, de 1887 e Insolación (1889). Nunca renegó de su cristianismo y más bien alimentó su faceta piadosa. En sus obras posteriores acrecienta su espiritualismo. Ellas son Una cristiana (1890), La prueba (1890), La piedra angular (1891), La quimera (1905) y Dulce sueño (1911). En las dos primeras ejerce una velada defensa de sus decisiones: el romance con Galdós, las obligaciones familiares, el peso de I la religión. También escribió numerosos cuentos en esta nueva etapa. Pero si bien vivía su vida con libertad y discreción, las críticas no le eran indiferentes. Algunos de sus detractores eran el Padre Luis Coloma (el creador del personaje del Ratón Pérez), Enrique Menéndez Pelayo y José María de Pereda.

Suyo era el éxito más allá de los moralistas, y fue pionera en denunciar la desigualdad educativa en varones y en mujeres. Cuando [heredó a su padre, gastó su capital en fundar revistas y promover las letras, luego vivió del periodismo y de dar conferencias. Su padre le había dicho siendo niña: «Mira, hija mía, los hombres somos muy egoístas, y si te dicen alguna vez que hay cosas que pueden hacer los hombres y las mujeres no, di que es mentira, porque no puede haber dos morales para dos sexos».

La rechazaron tres veces en su intento por integrar la Real Academia Española por ser mujer. También los académicos rechazaron por las mismas razones a Concepción Arenal y a Gertrudis Gómez de Avellaneda. Lejos de recluirse a llorar, presidió la sección de literatura del Ateneo de Madrid y fue la primera en ocupar una cátedra en la Universidad Central de Madrid. Murió cinco años después. España, luego, sacaría estampillas '' y monedas con su imagen.

Carta de Emilia a Benito Pérez Galdós

«...Mí infidelidad material no data de Oporto, sino de Barcelona, en los últimos días del mes de mayo, tres después de tu marcha. Perdona mi brutal franqueza. (...) Nada diré para excusarme, y sólo a título de explicación te diré que no me resolví a perder tu cariño confesando un error momentáneo de los sentidos, fruto de las circunstancias imprevistas. Eras mi felicidad y tuve miedo a quedarme sin ella».