Dido

Dido

Nació: en Tiro, c. 800 a.C Falleció:en Cartago, c. 850-900 a.C.

Dido fundadora y primera reina de Cartago, donde se exilió para evitar un enfrentamiento con su hermano Pigmalión y llevar a su pueblo a la guerra civil.

Después de ser expulsada de su patria por su propio hermano, esta formidable mujer fundó Cartago. Llegó hasta una lejana costa de África sin otro recurso que su decisión de encontrar cobijo para ella y su gente. Allí consiguió con astucia que el rey local le cediera una generosa porción de tierra. Según la leyenda, era una mujer inteligente, valiente y hermosa, y despertó pasiones que precipitaron un final tan trágico como heroico: se quitó la vida y su tumba se convirtió en un lugar de culto hasta que los romanos la profanaron.

Según testimonian los historiadores griegos, tras la muerte de Mutón I, rey de Tiro, asumieron el trono sus pequeños hijos Pigmalión y Elisa, que debían reinar juntos. Sin embargo, poco después Pigmalión se proclamó único rey y excluyó a Elisa del trono. En busca de una salida, ella se casó con su tío Sicarbaal, sacerdote y jefe de la aristocracia. Entonces el joven rey asesinó a su flamante cuñado para hacerse con sus tesoros y Elisa decidió expatriarse. Se embarcó junto a otros nobles hacia el norte de África hasta llegar al actual territorio de Túnez.

En principio, se estableció a la espera de que las circunstancias en Tiro favorecieran su regreso. Pero la situación política hacía imposible concretar este deseo, y Elisa y sus seguidores decidieron levantar una nueva ciudad. Para ello solicitó una porción de tierra al rey libio Yarbas, quien le concedió la superficie que abarcara una piel extendida de buey. Astutamente, Elisa hizo cortar la piel en finas tiras para comprender un extenso terreno. Allí construyó la fortaleza de Birsa (Ciudad Nueva en fenicio). A partir de entonces Elisa fue conocida con el nombre de Dido (la fugitiva), y éste fue el origen de la potencia que los romanos llamaron Cartago.

La historia de esta fundación está envuelta en leyendas que han llegado hasta la actualidad a través de la literatura griega y latina. En buena medida, Virgilio fue el responsable de mezclar mito y realidad en su Ineida, obra en la que atribuye a Roma un origen legendario usando para ello a los personajes Eneas y Dido. Según esta versión, Eneas, héroe troyano, huye para fundar una nueva Troya y pasa siete años peregrinando hasta que es recibido en el emergente reino gobernado por Dido. Entonces, por intervención de Venus y Cupido, Dido se enamora de Eneas pero Júpiter interviene a su vez para arrebatárselo y Eneas se aparta de sus brazos. Herida de amor a causa de la partida de Eneas, Dido se suicida, después de maldecir a la estirpe de Eneas y clamar el surgimiento de un héroe vengador. Todo lo cual sirve para explicar la enemistad entre los pueblos de Roma y Cartago.

Existe otro relato acerca de la muerte de Dido que difiere del que ofrece Virgilio. Según esta versión, Yarbas, rey libio que le había concedido a Elisa el terreno solicitado para edificar su reino, se había enamorado de ella y pretendía su mano. Pero la entonces reina de Cartago guardaba fidelidad a la memoria de su esposo muerto, y la oferta la enfrentaba a una difícil disyuntiva: deseaba honrar al difunto y a la vez pensaba que si rechazaba a Yarbas éste tomaría represalias contra ella y su gente. De manera que terminó por aceptar, pero antes de que la boda fuera celebrada se hundió un puñal en el pecho, acto heroico que la hizo muy elogiada en la Antigüedad Clásica.

La otra muerte de Dido

Según la narración virgiliana, cuando Dido vio partir a Eneas mandó a hacer una pira gigante y arrojó al fuego las pertenencias de Eneas y el tronco del árbol al pie del cual habían hecho por primera vez el amor. Una vez extinguidas las llamas, Dido se irguió sobre las cenizas y se quitó la vida clavándose la espada de su amado. Su hermana Ana, que no había podido impedir el suicidio, incineró su cuerpo.