Catalina de Rusia

Catalina de Rusia '

Nació: en Stettin (actual ciudad de Szczecin, en Polonia), el 2 de mayo de 1729. Falleció: en San Petersburgo, Rusia, el 17 de noviembre de 1796.

Catalina de Rusia fue emperatriz de Rusia desde 1762 hasta 1796. Hizo que Rusia mirara a Occidente.

Catalina fue la gran zarina de Rusia, comparable sólo con Pedro el Grande. Condujo a su país con paternalismo y tiranía a la gloria cultural y económica. Crecimiento que, en parte, se debe a los nulos derechos de los siervos, obligados a trabajar como esclavos. Intelectualmente formada con los autores de la Ilustración, temía sin embargo una Revolución Francesa en Rusia, razón por la cual apeló a la censura y al confinamiento en Siberia a quien se excediera en las críticas. Su imperio estuvo, gracias a ella, a la altura de los más poderosos de Europa.

Bautizada como Sophie Fredericke Auguste von Anhalt-Zerbst, era hija del príncipe alemán Christian Augusto. Prometida en matrimonio al duque Pedro de Holstein, nieto de Pedro el Grande, fue enviada a Rusia donde cambió su nombre a Ekaterina Alekseyevna y entró en la Iglesia Ortodoxa rusa. Se casó con el duque en 1745.

Era una mujer inteligente y con ambiciones, solía llamarse a sí misma «una filósofa» por sus ideas y contactos con Voltaire, Diderot y D''Alembert. En 1754 nació su hijo que más tarde se convertiría en el emperador Pablo. En 1762, su marido asumió como Pedro III. El suyo no fue un buen gobierno, pero como contraparte, fue corto ya que fue derrocado por la Guardia Imperial con la bendición de Catalina, que fue coronada en su lugar. A los pocos días Pedro III murió asesinado.

Catalina tomó la dirección del imperio con la determinación y la lucidez que le eran características. Exponente sin igual del despotismo ilustrado (todo para el pueblo, pero sin el pueblo), la fuerza de la razón guió las reformas administrativas y productivas de Rusia, favoreciendo el Industrialismo. El de ella fue un gran reinado si no tenemos en cuenta la situación de los siervos y de los campesinos a quienes no alcanzaron los Ideales ilustrados de libertad e igualdad. En este sentido, favoreció a la nobleza. Expandió el imperio ruso anexando territorios por medio millón de metros cuadrados. Para esto, fue a la guerra contra el Imperio Otomano y controló Polonia y Lituania. En varios aspectos, fue la continuadora de Pedro el Grande, su abuelo político.

Tuvo muchos amantes y su conducta no opacó el respeto ganado por la aristocracia, la realeza europea y los intelectuales que tuvo por consejeros. Fomentó el mecenazgo y creó numerosas escuelas. Las obras del Museo del Hermitage provienen en gran parte de la colección de Catalina. Durante quince años mantuvo correspondencia con Voltaire y tras su muerte, compró su biblioteca personal y la puso a disposición de los usuarios de la Biblioteca Pública Imperial.

Fue una gran estudiosa y también autora. Tradujo las ideas liberales de John Locke en un manual de educación, escribió teatro, poemas, óperas, cuentos y memorias. Fundó el Instituto Smolny para Nobles Doncellas -Lenin lo usaría como residencia por algunos meses-. Creó en San Petersburgo la Sociedad de Libertad Económica que atrajo a célebres economistas europeos. También consiguió que importantes científicos como Leonhard Euler y Peter Simón Pallas se pusieran al servicio del Imperio ruso. Hizo considerables avances en la sanidad pública de su país; creó hospitales e introdujo, por ejemplo, la vacunación, siendo ella misma vacunada en público contra la viruela. Está enterrada en San Petersburgo. Murió tras un ataque de apoplejía. La sucedió su hijo Pablo, contra sus deseos; ella prefería a su nieto Alejandro.

Carta de Catalina II a Voltaire

«Nuestras leyes siguen su curso, y si bien es verdad que se han convertido en objetos secundarios, no por ellos sufrirán el menor perjuicio, pudiendo aseguraros que serán tolerantes, y que no perseguirán, ni matarán, ni quemarán a nadie. ¡Dios nos libre de una historia análoga a la del caballero De la Barre! Los jueces que se atreviesen a pronunciar semejantes sentencias serían encerrados en una casa de Orates».