Benazir Bhutto

Benazir Bhutto

Nació: en Karachi, Pakistán, el 21 de junio de 1953 Falleció: en Rawalpindi, Pakistán, el 27 de diciembre de 2007.

Benazir Bhutto fue una política pakistaní que luchó contra el régimen militar y se convirtió en la primera mujer musulmana con cargo de primera ministra.

Su vida siguió la convulsa historia de su país. Su padre, el presidente Zulfiqar Ali Bhutto, fue derrocado y condenado a muerte. Al cabo, ella se convirtió en líder del Partido Popular de Pakistán (PPP), y luego dos veces en la primera ministra antes de ser destituida. Por su perfil demócrata y su postura laica, en medio del integrismo islamista y de Al Qaeda, resultaba controvertida. Las nuevas elecciones le auguraban el retorno al gobierno, pero fue asesinada, presumiblemente por fundamentalistas islámicos.

Su padre era un abogado de la aristocracia y una promesa de la política nacional, y su madre la hija de un hombre rico. De modo que Bhutto creció en un ambiente de privilegios y recibió una educación esmerada, de impronta laica. Se formó en prestigiosos colegios y en universidades de Estados Unidos y el Reino Unido, y estudió Filosofía, Ciencias Políticas, Economía, Derecho internacional y Diplomacia. Mientras su padre, líder del PPP -cuya propuesta aunaba nacionalismo y confesionalidad islámica con democracia parlamentaria, socialismo económico y federalismo constitucional, con vistas a seducir a diferentes clases y colectivos sociales-, asumía como primer ministro y presidente de la República luego de trece años de gobierno militar.

Benazir creció en una situación ventajosa, pero luego padeció los vaivenes políticos que se tradujeron en dramas familiares. Su padre fue destituido tras el golpe militar del general Zia ul-Haq y luego condenado a muerte y ejecutado. Benazir y su madre sufrieron la detención del cabeza de familia, por cuya liberación hicieron campaña en marchas de protesta y llamamientos a los medios,.activismo que las condujo a múltiples arrestos. Pero a pesar de las peticiones de clemencia, se dispuso la ejecución del prisionero, que fue ahorcado a la edad de cincuenta y un años.

Con su trágico final, Bhutto se convirtió en un mártir de la democracia, y el PPP se mantuvo vivo gracias a Benazir y a su madre, que sobrellevaron periodos en prisión y amenazas judiciales y siguieron luchando contra el dictador por el retorno de la legalidad constitucional. Benazir se exilió en Londres, desde donde continuó su campaña contra la dictadura y su personalidad cobró dimensión internacional.

Hasta que en 1988 regresó y organizó el Movimiento para la Restauración de la Democracia, instando a la movilización de masas contra el dictador. Ese año, tras la súbita muerte de Zía, fue elegida primera ministra.

Sin embargo, si bien logró que las fuerzas progresistas y los intelectuales estuvieran de su lado, estaba atrapada entre religiosos y militares y su margen de maniobra era escaso, condicionado por la política norteamericana. Dos años más tarde fue acusada de corrupción e ineficacia política y al cabo fue destituida, hasta que en 1993 fue reelegida y volvió a ocupar el cargo de primera ministra de Pakistán. Pero al cabo fue destituida nuevamente y condenada a la cárcel por corrupción. La sentencia fue anulada, no obstante lo cual se autoexilió en los Emiratos Árabes.

Recién hacia finales de 2007 la perspectiva política se veía favorable y Bhutto regresó a Pakistán. Acababa de dar un discurso en Rawalpindi ante miles de personas cuando se produjo la explosión. Fue herida de gravedad en un ataque suicida, y aunque fue trasladada de inmediato a un hospital, finalmente murió como consecuencia del impacto.

Una muerte anunciada

En Hija del destino, su autobiografía, Benazir Bhutto revelaba que había sido advertida de que su vida corría peligro. «Me dijeron que cuatro escuadrones de dinamiteros suicidas intentarán matarme [...] los escuadrones enviados por Baitulá Mehsud, el caudillo del Talibán, Hamza bin Laden, los milicianos de la Mezquita Roja y una milicia con sede en Karachi». Pero ese destino del cual era hija siguió su curso. Y aquella advertencia no impidió su asesinato.