EL LLANTO DEL CIERVO

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San patricio y su discípulo, benen, se hallaban camino de tara con la intención de convertir a la nueva fe al rey de irlanda, loegaire mac neill, y a todos sus seguidores. Era por Pascua, y al acercarse a la ciudadela san Patricio se detuvo para celebrarla encendiendo una hoguera.

Aquella misma noche también Loegaire preparaba una hoguera; celebraba la festividad de Beltaine, en la que durante siglos su pueblo había encendido hogueras para festejar el renacer de la primavera. Pero tan pronto como su fuego hubo empezado a arder, vio en el horizonte la hoguera de san Patricio. Irritado por esta competencia pidió consejo a sus druidas, quienes profetizaron que la llama de san Patricio ardería eternamente y que superaría a la suya. Esto irritó aún más a Olegaire, quien se propuso evitar que tal cosa sucediera.

El rey se lo tomó como un reto y condujo un ejército al exterior de Tara para enfrentarse al santo. Al acercarse vio que san Patricio levantaba los brazos en oración; a continuación descendió una niebla que oscureció la escena. Al aclararse el aire no había señales de san Patricio ni de su compañero. Pero cuando Loegaire volvió a avanzar, pudieron verse un ciervo y un cervatillo que se dirigían a Tara.

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