Tammuz, el dios moribundo

Dumuzi, o Tammuz en hebreo, posee más de un aspecto. Aunque no era uno de los grandes dioses, la religión popular lo tenía en alta estima y su culto estaba muy extendido.

En uno de sus aspectos, Tammuz encarnaba la vegetación: en un relieve aparece sujetando algo que parecen uvas que comen unas cabras y flanqueado por dos diosas cuyos vasos, de los que mana agua, proporcionan la humedad necesaria para los cultivos. Pero lo más importante es que representaba el dios moribundo arquetípico, y por eso se le asimiló a otras deidades del mismo tipo, como Adonis en la mitología griega.

El marchitamiento anual de la vegetación durante la estación cálida queda simbolizado por su muerte y cautiverio en los infiernos. Tammuz es el objeto de numerosas liturgias mesopotámicas que lamentan su desaparición y la consiguiente desolación de la naturaleza, ritos celebrados fundamentalmente por mujeres, incluso en Jerusalén, como demuestra una referencia de la profecía bíblica de Ezequiel. Se cree asimismo que también se celebraba ritual-mente su resurrección, y si bien no existen pruebas de tal extremo, debido al hecho de que la estancia en los infiernos sólo durase la mitad del año parece probable que su regreso a la vida constituyese el núcleo de un rito de primavera. No obstante, sólo Inanna (Istar) proporciona un ejemplo claro de la muerte y resurrección de una deidad en la literatura mesopotámica.