Adoración en Ugarit y en el Antiguo Israel

Tanto en Ugarit como en Israel, el culto desempeñaba un rol central en la vida del pueblo. Uno de los mitos centrales en Ugarit era la historia de la entronización de Baal como rey. En la historia, Baal es asesinado por Mot (en la época de otoño) y permanece muerto hasta la primavera. Su victoria sobre la muerte era celebrada con su entronización en perjuicio del otro dios.

En el Antiguo Testamento también se celebra la entronización de Yahveh:

Reina Dios sobre las naciones, Dios, sentado en su sagrado trono (Sal 47,9).

Reina Yahveh, de majestad vestido, Yahveh vestido, ceñido de poder, y el orbe está

seguro, no vacila. Desde el principio tu trono está fijado, desde siempre existes tú (Sal 93,1-2).

Decid entre las gentes: '¡Yahveh es rey!' El orbe está seguro, no vacila; él gobierna a

los pueblos rectamente (Sal 96,10).

¡Reina Yahveh! ¡La tierra exulte, alégrense las islas numerosas! (Sal 97,1).

Reina Yahveh, los pueblos tiemblan; se sienta en querubines, la tierra se estremece y

grande es Yahveh en Sión (Sal 99, 1-2).

La diferencia central entre el mito ugarítico y los himnos bíblicos es que el reinado de Baal es interrumpido cada año con su muerte. Desde que Baal se convierte en el dios de la fertilidad, el significado de este mito se simplifica en su comprensión, pues si Baal muere, también muere la vegetación (otoño), y cuando renace ocurre lo inverso, en cambio, Yahveh, una vez entronizado, vive para siempre y su poder reina por siempre:

Yahveh se sentó para el diluvio, Yahveh se sienta como rey eterno (Sal 29,10).