El último día

El cordero cebado de Nasrudín era apetecido por todos los vecinos, quienes en varias ocasiones lo instaron a que lo matara e hiciera un festín: Todas las tentativas fallaron, hasta que un día lo convencieron de que dentro de las 24 horas llegaría el fin del mundo.

—En ese caso —dijo el Mulá—, bien podríamos comerlo.

Así fue como tuvieron un banquete.

Cuando terminaron de comer, se sacaron las chaquetas y se acostaron a dormir. Después de varias horas, los invitados despertaron y se encontraron con que Nasrudín había apilado todas esas prendas sobre el fuego y las había quemado.

Rugieron de furia, pero Nasrudín se mostró impertérrito:

—Hermanos míos, mañana es el fin del mundo, ¿recuerdan ? Qué necesidad van a tener entonces de sus chaquetas ?