Josefina Bonaparte

Nació: en Les Trois-liets, Martinica francesa, el 23 de junio de 1763. Falleció: en Malmaison, Francia, el 29 de mayo de 1814.

Marie Josephe Rose Tascher de la Pagerie fue la cautivante esposa de Napoleón Bonaparte, convertida en emperatriz de Francia.

La emperatriz nació en Martinica. La casaron con un aristócrata que murió en la guillotina y con el que tuvo dos hijos, antes de conocer a Napoleón. Frecuentó ambientes distinguidos congraciándose con poderosos y revolucionarios. Dicen que era hermosa y sus retratos no lo desmienten. También dicen que Napoleón se enamoró en el acto, y que ella no. Pero le concedió su mano y ejerció sobre él una influencia que impulsó los inicios políticos y militares del imponente corso. Era sociable, seductora, diestra en las relaciones públicas. Fue la primera emperatriz francesa.

Napoleón la bautizó Josefina aduciendo que el nombre encajaba mejor con su fina estampa: esbelta, de buena figura, cabellos castaños, ojos marrones, tez morena y facciones delicadas. Pero antes de eso la llamaban Rosa o Josefa y había nacido en Martinica, lejos de París y sus distinciones, de modo que su porte y sus maneras eran los de una joven criada en el campo.

Una tía suya estaba casada con un aristócrata francés y se habían hecho arreglos para que su hermana Catherine se casara con el hijo de este último. Pero Catherine murió de forma prematura y Josefina se vio obligada con catorce años a aceptar el compromiso. Si bien el matrimonio no fue ideal y estuvo signado por las ausencias e infidelidades del esposo, de la unión nacieron dos hijos. Todo indicaba que haciendo caso omiso de los detalles menos agradables Josefina podría disfrutar de su vida cortesana.

Pero la historia se torció con la detención de su esposo y la suya, acusados ambos de alta traición. La revolución pasaba por su fase más sanguinaria y el Reino del Terror hacía estragos recurriendo a la guillotina ante la mínima sospecha. En ese contexto, el vizconde fue acusado de ineficacia militar y condenado a muerte, básicamente por su origen noble, mientras que su esposa Josefina fue liberada gracias a la mediación de uno de los lideres del Directorio.

Para limpiar la imagen del difunto marido y recuperar lo que el Gobierno les había Incautado, Josefina se mostró en eventos públicos y fascinó con su belleza e inteligencia a revolucionarios como Barrás. Este último había luchado junto a Napoleón y al ser elegido Director de Francia había recomendado a Bonaparte para tomar su puesto.

Como era extranjero, Barrás lo había instado a buscar una esposa francesa y le había presentado a Josefina. Al poco tiempo la pareja se casó y Barrás, a pedido de la esposa, le otorgó a Bonaparte el mando de las tropas francesas en Italia. De manera que consumada la boda, el recién casado partió rumbo al frente italiano.

Josefina retomó su frívola actividad social y tuvo varios amantes, por lo que a su regreso Napoleón la echó pero acabó perdonándola y retomaron su vida en Común. Josefina le juró fidelidad cuando comenzaron la solicitud de coronación, y ya convertida en emperatriz se adaptó a la vida de rituales y a los viajes. Aunque en general estuvo alejada de los asuntos de Bonaparte y sólo asistió a reuniones públicas y eventualmente pronunció discursos.

El matrimonio terminó cuando Napoleón supo que Josefina no podría darle un heredero. Como ya tenía hijos había supuesto que podía Concebir y por tanto él no. Sin embargo, cuando supo que existía un hijo Ilegítimo suyo solicitó el divorcio y se casó con la Archiduquesa María Luisa de Austria, que dio a luz a Napoleón II mientras Josefina, en su castillo de Malmaison, cuidaba sus plantas.

Imagen retocada

La ceremonia de coronación de Napoleón y Josefina fue inmortalizada, por orden de Bonaparte, por el célebre pintor Jacques-Louis David, quien recibió instrucciones antes de registrar el ritual para la posteridad. En el cuadro, por ejemplo, se observa la presencia de Letizia, madre de Napoleón, al fondo de la imagen. Sin embargo, en la realidad ésta no estuvo presente pues no le agradaba su nuera ni aprobaba el fastuoso acto.