Dolores Ibárruri

Nació: en Gallaría, Vizcaya, España, el 9 de diciembre de 1895. Falleció: en Madrid, España, el 12 de noviembre de 1989.

Dolores Ibárruri «La Pasionaria» fue una política comunista española, elevada al rango de mito por su actuación durante la II República y la Guerra Civil.

Su importancia histórica y social es la de haber participado de la primera generación de intelectuales de izquierda provenientes de la clase trabajadora. La derrota de una revolución puede medirse en términos culturales; por eso la Guerra Civil que la tuvo entre las filas republicanas significó también el exilio y la muerte de una clase obrera que aprendió a hablar en nombre de sus propios intereses. Condenada por el franquismo, fue una fuerza arrolladora de la emancipación obrera.

De familia pobre y numerosa, hija y esposa de mineros, frustrada maestra de escuela, empleada doméstica por el hambre y militante comunista de base hasta que pudo reponerse a su destino de clase. Dolores creció a la par del movimiento obrero vizcaíno. Ella misma eligió el seudónimo con que sería conocida, La Pasionaria, convertido en bandera y mito en la defensa de Madrid durante la Guerra Civil Española.

Se casó a los veinticinco años con Julián Ruiz, un obrero militante. Las estrecheces de la vida los golpearon duro y no fueron felices. Tuvieron sin embargo seis hijos de los cuales dos llegarían a adultos: Rubén y Amaya.

Su vida política la encuentra al frente de los mineros vizcaínos cuando en 1917 se realiza la primera huelga general de España, gracias a la unión entre socialistas y anarcosindicalistas -en ese entonces aún no era comunista, sino del PSOE. Comenzó a escribir encendidos artículos en Minero Vizcaíno firmando con su famoso nombre de batalla. Conocer las desdichas y la falta de futuro de la casa obrera y de las mujeres dentro de esa casa, han contribuido a la veracidad del personaje. Ibárruri sabe de lo que habla. Accede al Comité Central del Partido Comunista Español (PCE) y a la redacción de Mundo Obrero en la década de 1930. Su fascinación con la URSS desde la Revolución de 1917 la sitúa entre los dirigentes plegados y obedientes de las direcciones del Komintern, cada vez más rusificado y estalinista. En 1932 la nombran responsable de la Comisión Femenina del Partido. Fue encarcelada y perseguida en varias ocasiones. Después de su primer viaje a Rusia donde se entrevista con lósif Stalin, envía a sus hijos a estudiar allá, Las centrales sindicales más importantes de España eran la UGT -socialista- y la CNT -anarquista-, contra ellos y la Alianza Obrera para detener el fascismo habla Ibárruri, tachándolos de «contrarrevolucionarios». Su imagen de mujer brava y revolucionaria creció a la par que sus encarcelamientos por encabezar manifestaciones no exentas de represión.

Fue elegida diputada por la cuenca minera de Asturias; desde 1931, era época de la II República. Con la Guerra Civil ya desatada, condenará la Revolución Social de Cataluña, ya que si a través del marxismo se podía entender el mundo, el Partido Comunista era su único intérprete.

De la defensa del frente de Madrid se recuerdan sus frases iNo pasarán! y Antes morir de pie que vivir de rodillas. En 1937 fue elegida vicepresidenta de las Cortes. Derrotada la República, Ibárruri se exilió en la URSS. Entre 1942 y 1960 dirigió el PCE desde fuera de España. Su largo exilio duró treinta y ocho años y volvió a su país, como muchos, tras la muerte de Franco, ya convertida en un mito, figura de mármol inapelable y emblema de lucha social. Murió en el año de la caída del Muro de Berlín, 1989, a los noventa y cuatro años.

Su gran amor

Conoció a Francisco Antón en 1937; era más de una década menor que ella. Mantuvo la relación en secreto a pedido del PCE que no vio con buenos ojos la diferencia de edad. Antón cayó en manos del nazismo y por pedido de Ibárruri, Stalin se lo reclamó a Hltler, que lo liberó. El romance continuó en Moscú por algunos años más. Tras el final, Ibárruri lo acusó de traición al Partido y él fue desterrado a Polonia.