SEIS DIOSES, CINCO SOMBREROS

Cuenta la leyenda que, en Japón existía una pareja de ancianos que vivía humildemente de fabricar sombreros de paja. Tenían tan poco dinero que no les alcanzaba ni para comprar las albóndigas de arroz con las que se celebra el Año Nuevo en Japón. El abuelo decidió ir al pueblo y vender cinco sombreros de paja para intentar cumplir con la tradición.

El anciano tuvo mala suerte y, al finalizar el día, retomó a su casa con los cinco sombreros y muerto de tristeza por no poder dar a su mujer el dinero necesario para una buena cena. En el trayecto comenzó a nevar fuertemente y entre las sombras descubrió seis jizos (representaciones en piedra de los dioses) con las cabezas cubiertas de nieve y las caras repletas de carámbanos. El viejo, que era muy bondadoso, pensó que debían tener frío y les quitó la nieve y les puso los cinco sombreros de paja que no pudo vender aun sabiendo que así tendrían frío. El sexto lo abrigó con su propio sombrero, pues pensó que ya estaba cerca de casa.

Llegó empapado a casa y, entre sollozos, contó a su mujer lo ocurrido. Ella lo consoló, lo secó, lo calentó y disfrutó pensando en la bondad de su esposo. Ambos se sentaron junto al fuego y cenaron lo único que tenían, arroz blanco. Luego marcharon a la cama como cualquier noche pero gratificados por su amor. Ya estaban dormidos cuando escucharon una música desconocida pero muy melodiosa cerca de la casa. Después se sobresaltaron por el jaleo que provenía de su puerta. Se asomaron y allí encontraron vino, albóndigas de arroz, mantas y quimonos calientes mientras los seis jizos se marchaban despidiéndose con los sombreros de paja.