IZANAGI E IZANAMI

Izanagi e Izanami descendieron del cielo a la tierra recién creada y construyeron allí un palacio para ellos. Como eran la primera pareja, inventaron un ritual de matrimonio y procrearon. Su primer hijo, Hiruko (Niño sanguijuela) era deforme, por ello lo colocaron en una barca de juncos y lo lanzaron al mar.

Los augurios dijeron que la razón de que ese niño hubiese nacido deforme se debía a que la diosa Izanami había hablado primero durante el ritual del matrimonio. Tras ejecutar correctamente de nuevo el ritual, Izanami dio a luz con abundancia. Sus primeros retoños fueron las islas del archipiélago japonés. Más tarde engendró a una serie de dioses y diosas que estaban vinculados con los fenómenos naturales como el viento y las montañas. Por último, dio a luz al dios del fuego (Kagutsuchi), que la quemó tanto durante el alumbramiento que ella murió. Más dioses surgieron de su cuerpo muerto y también de las lágrimas de Izanagi.

Tras la muerte de Izanami, ella entró en Yomi, el oscuro reino subterráneo de los muertos. Tremendamente apenado, Izanagi decidió visitar a Izanami y hacer que ella volviera con él, pero ésta le dijo que debía hablar primero con los dioses del inframundo, y le avisó que no debía mirarla.

Vencido por el deseo de verla de nuevo, Izanagi rompió una púa de su peine y la encendió como si fuera una antorcha. Se horrorizó al ver a Izanami con el cuerpo en descomposición y llena de gusanos, e intentó huir de ella.

Enojada por su actuación, Izanami envió una horda de demonios y guerreros en su busca. Cuando Izanagi llegó de nuevo a la entrada del reino de los vivos, encontró tres melocotones que arrojó a la horda que lo perseguía y de esta manera consiguió que se detuvieran. Llegados a este punto, la propia Izanami, convertida ahora en demonio, iba tras él.

Antes de que ella pudiera alcanzarlo, Izanagi le cortó el paso con una gran piedra que selló la entraba al inframundo. Aquí se enfrentaron por última vez y disolvieron sus votos matrimoniales.