LOS NATIVOS NORTEAMERICANOS

Los norteamericanos nativos forman parte de las poblaciones culturalmente más diversas del planeta y, a la vez, de las más estereotipadas. Así, en el siglo XVIII se los caracterizó como «nobles salvajes», al tiempo que los ambientalistas actuales los denominan «los primeros ecologistas». Las películas del Oeste rodadas en Hollywood suelen representar a los indios como salvajes sanguinarios. En fechas más reciente como Bailando con lobos e indirectamente Avatar, los muestra como pacifistas víctimas del «progreso».

Representaciones contradictorias como las mencionadas ponen de relieve la ambivalencia de las actitudes de los blancos hacia los indios. Por un lado, los blancos se consideran mucho más desarrollados y su sociedad es compleja, civilizada y moderna, mientras que la india es primitiva y tradicional. Por el otro, consideran a los indios sabios, apegados a la tierra y practicantes de un estilo de vida que respeta el planeta.

Los pueblos nativos reaccionan de diversas maneras ante las distintas percepciones de los blancos. Como es comprensible, rechazan las imágenes que hacen hincapié en la barbarie. Asimismo desconfían de los que sacan de contexto las creencias indias y las incorporan a los sistemas religiosos de la «nueva era». Por su parte, es improbable que muchos indios se molesten si algunos blancos interpretan sus culturas como modelos de la salvación ambiental.

Los indios atribuyen gran importancia al respeto, razón por la cual quienes mantienen otra opinión no deben entrometerse en lo que los nativos consideran sagrado ni aprovecharse de las creencias indias en su búsqueda personal de la redención espiritual. Los no indios deberían ser más cautelosos en lugar de dar por sentado que saben qué piensan los indios. Por ejemplo, los blancos liberales suelen evitar la palabra «indio», que para muchos pueblos autóctonos es totalmente satisfactoria. El activista nativo Russell Means sostiene que la denominación «indio» es aceptable porque Colón no describió a los americanos aborígenes como indios, es decir, pobladores de India, sino como el pueblo in Dios, o sea en Dios.

Con el fin de ser respetuosos, los no indios también deben aceptar que los pueblos originarios poseen formas válidas de conocer el mundo que se diferencian de las planteadas por la ciencia y la historia occidentales. Los indios tienen derecho a rechazar las teorías arqueológicas sobre sus orígenes, que niegan tradiciones orales milenarias. Los occidentales consideran sagrada la voz de la ciencia y los indios que rechazan su propia versión de quiénes son y de dónde proceden dan un paso hacia la extinción cultural.

Al igual que cualquier otro grupo o cultura, los indios no tienen el monopolio de la verdad sobre sí mismos. Empero, los no indios deben hacerse cargo de que su conocimiento sobre los aborígenes es limitado: pueden saber cosas sobre los indios, pero en ningún caso suponer que saben lo que significa ser indio. A menudo muchos no indios ignoran que los indios siguen existiendo. Los indios no son meros objetos del pasado, pues están presentes en el mundo moderno. Las culturas autóctonas ofrecen una riqueza, flexibilidad y adaptabilidad imposibles de transmitir mediante tópicos. Son estas cualidades las que han permitido que sobrevivieran a los traumas de los siglos transcurridos desde que los blancos pisaron suelo norteamericano.