EL PUEBLO DE LAS NUBES

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Motu (boloki: República Democrática del Congo) plantó bananas en un huerto grande. El fruto maduró pero, cuando un día acudió al lugar, descubrió que los racimos maduros de bananas habían sido cortados y llevados a otro lugar. El robo prosiguió y al final Motu se puso a esperar en secreto al ladrón.

Pasado un tiempo, vio un grupo de gente de las nubes que descendía del cielo. Cuando se posaron en el suelo, comenzaron a cortar las bananas. Las que no comían en el momento las ataban y se las llevaban. Entonces, Motu salió corriendo y capturó a una mujer de las nubes. La llevó a su casa y, al cabo de un tiempo, se casó con ella.

Ella era muy vivaz y realizaba todas sus labores domésticas y del campo como una mujer corriente de la tierra. Hasta ese momento, ni Motu ni la gente de su poblado habían visto nunca el fuego. Comían la carne cruda y cuando hacía frío, viento o llovía, permanecían sentados tiritando en sus casas, absolutamente desconocedores de lo que significaba el fuego y el calor que éste da. Por eso la mujer de Motu le dijo a algunos hombres de la nubes que trajeran algo de fuego la próxima vez que fueran a visitarlos. Ella enseñó a la gente cómo cocinar y cómo sentarse alrededor del fuego cuando hacía frío.

Motu se sentía muy feliz con su mujer y sus vecinos estaban también muy contentos de tenerla entre ellos. Con el tiempo, ella convenció a varias personas de las nubes para que se establecieran en el poblado de su marido. Pero entonces las cosas cambiaron. Un día, ella recibió una cesta que H estaba tapada. La colocó en un estante de la casa, diciendo a su marido que no la abriera nunca. Si lo hacía, le advirtió, el pueblo de las nubes lo abandonaría. Motu prometió no abrir nunca la cesta. Estaba muy contento pues ahora vivía rodeado de mucha gente, tenía una mujer inteligente y los aldeanos lo trataban como si fuera un gran hombre. Aún así, algunas veces se preguntaba por la cesta.

Un día, imprudentemente decidió abrir la cesta. Cuando su mujer había salido como siempre hacia la granja, la abrió y vio que no había nada en ella. Se echó a reír, la cerró y la volvió a colocar en su sitio. Pero cuando su mujer regresó, ésta le preguntó por qué había abierto la cesta. Entonces, mientras Motu estaba cazando, ella reunió a su gente y todos ¡untos subieron a las nubes, para nunca más volver a la tierra. Y fue así como la gente de la tierra recibió el fuego y aprendieron a cocinar.

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