MITOLOGIA FENICIA

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Muy poco es lo que se sabe del pueblo fenicio, el más aventurero y osado de todos los pueblos de la antigüedad, aquel «que separó las columnas de Hércules y que miró con ojos atónitos el Atlántico». Los griegos se movían mucho, pero era en su lago Mediterráneo, de isla en isla, tan cercanas, que los héroes saltaban de una a otra a pie enjuto. ¡Admirable pueblo lleno de inquietudes y de atisbos!

Los romanos, sus más implacables enemigos, se cuidaron de pulverizarlo; intentaron que no quedara de él ni una huella, ni un recuerdo. De su historia se sabe poco.

Plauto hace hablar en lengua púnica a una de sus máscaras, quedan fragmentos de una Agricultura de Magan y el relato del periplo maravilloso de Han-non.

Menos se sabe de su Mitología, que debió de ser muy hermosa y compleja, ya que era exuberante la imaginación y el apasionamiento grande en los fenicios.

Cabe afirmar que las primeras creencias de esta raza singular estaban dedicadas a un dios único, complicado quizá con la idea de una trinidad. Dicho dios único era conocido con dos nombres: con el de Il o El (Elim), en las comarcas del Norte del país, y en las del Sur con el de Bel o Bhal, señor del cielo y soberano del mundo. Tal vez la distinción de nombres corresponda a cada una de las ramas de la raza, a los hijos de Canaán y a los nietos de Mezraim.