ORÍGENES DE EGIPTO

Se suele imaginar el antiguo Egipto como una tierra dominada por dioses, reyes y sacerdotes. Sus templos rebosan de imágenes de deidades y la religión asoma omnipresente a cuantos vestigios se han conservado de sus tres mil años de civilización. Y, sin embargo, poco se sabe sobre los mitos que encarnaba su concepción del mundo. Sólo existen testimonios escritos a partir del 2000 a. C, si bien hay representaciones y alusiones pictóricas muy anteriores a esta fecha: los reyes de la II dinastía reflejaron sus enfrentamientos en el conflicto entre Horus y Set.

Los mitos revestían menor importancia que el culto a los dioses, una actividad estatal esencial que se llevaba a cabo en templos a los que sólo podían acceder el monarca y los sacerdotes. Si el culto se celebraba debidamente, el país prosperaba. El servicio divino se centraba en el cuidado cotidiano de las imágenes de los dioses en sus santuarios. El pueblo raramente participaba en las ceremonias, salvo como espectadores de las festividades en las que las deidades «se visitaban» entre sí y las llevaban en procesión, a veces por el río. Los primeros templos consistían en edificios muy sencillos rodeados por cercas, pero aumentaron en número y complejidad cuando empezaron a establecerse relaciones entre los dioses más antiguos.

Los mitos se desarrollaron al hacerse más complejas estas relaciones. Como no se consideraba correcto una sola versión de cada mito, su contenido se adaptaba a diversas circunstancias y así, por ejemplo, en la Época Baja se transformó el papel de Set, que se convirtió en enemigo de los dioses y fue aniquilado ritualmente.