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PANTEÓN ROMANO

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Júpiter, Juno y Minerva formaron la primera trinidad, a la que estuvo dedicado el primer templo romano, en el monte Capitalino por uno de los reyes Tarquinos.

Este templo se dividía en tres santuarios, de los cuales el de en medio estaba consagrado a Júpiter. Según Plinio, el Viejo, se veía en él una estatua del dios en barro, debida al veyense Vulca.

Júpiter empuñaba el rayo en la diestra y el cetro en la zurda. Se le llamaba Optimus Maximus, el mayor y el mejor de los dioses. En su honor se celebraban los Ludi romani o magni, instituidos por Tarquino, el Viejo; y fue asimilado al Zeus helénico.

La segunda deidad de la trinidad capitolina era Juno. Como protectora de la mujer, del matrimonio y del hogar, quedó asimilada a la griega Hero. Y se la llamó Pronuba, porque presidía las bodas, Domidica e Iterducia, porque conducía a la novia desde la casa de los ascendientes a la del novio; Unxia, porque perfumaba la casa de los recién casados; Cinxia, porque desataba, en el lecho nupcial, el ceñidor de la virgen.

El matrimonio de Juno con Júpiter (el hieros gamos) estaba simbolizado en el del flamen dialis (dedicado al culto del dios) con la flaminica (sacerdotisa de la diosa). Los romanos aplicaron los siguientes sobrenombres a Juno: Sospita, Martialls, Moneta, Populonia, Cairotina_

La tercera deidad de la trinidad capitolina, Minerva, tuvo un culto más antiguo en Roma que habría sido tomado de los sabinos. Pero seguramente, según demuestra la crítica más severa, lo tomaron de los etruscos, quienes designaban con el nombre de Minerva a una diosa que. tal vez, no tenía el mismo carácter que la Atenea helénica, sino que los romanos hicieron de las dos una misma. En un principio se la creía en Roma protectora: del comercio y de la industria.

Por medio de la ciudad de Climas llegó a Roma el culto de Apolo; y muy pronto fue Apolo el más popular de los dioses entre los romanos; tuvo un templo, con Oráculo famoso, en aquella ciudad, Y su sibila correspondiente, con los usuales libros sibilinos; pero los romanos ricos preferían acudir al oráculo de Delfos.

El culto de Diana fue llevado a Roma por el rey sabino Tacio. Diana tuvo un templo famoso en Campanil con nombre de Diana Tifatina y otro en Arida, cerca del lago Nemi. Fue al principio deidad de los bosques. En tiempo de los emperadores quedó asimilada con la Artemisa helénica.

El año 475, según una tradición. fue fundado en Roma el primor templo dedicado a Mercurio. Quizá los etruscos conocieron al Hermes griego y, por su mediación, entrara dicho culto en el Lacio. Su asimilación con el dios helénico se verificó en tiempo de la República. Hasta este momento era exclusivamente el dios del comercio. Los romanos creían que Mercurio había adquirido la inmortalidad—siendo hijo de Maya, criatura mortal—por haberse criado a los pechos de Juno.

Marte fue un dios muy apreciado de los romanos, siempre dedicados a guerras de conquista. Su culto, muy antiguo, tuvo mucha solemnidad en Etruria y entre los oscos, los sabinos y los umbríos. Sin embargo, al principio, no era: una deidad puramente guerrera; llevaba sobrenombres que aluden a la agricultura: Martius Silvanus, Martius Campestris, Custus, Rústicus; y, como dios agricultor, dió su nombre al primer mes de la primavera. ¿Cómo se explica su transformación en dios guerrero? Breal cree que porque Roma se transformó de ciudad agrícola en ciudad batalladora. Según Ovidio, Marte fue engendrado por Juno sin el concurso de Júpiter, por el simple contacto que tuvo la diosa con una flor misteriosa de la llanura de Oleno. Los romanos hicieron de Marte el seductor de Rea Silvia y, por consiguiente, padre de Rómulo y Remo. También le hicieron padre de Fauno.

Venus fue primitivamente una sencilla diosa de los campos y de los jardines. «Venus, simple abstracción marcando el deseo—escribe Reinach—, su nombre falta en las listas antiguas de las divinidades griegas; fue sacada de la oscuridad cuando hizo falta hallar una diosa similar a la Afrodita griega, de la cual la leyenda de Eneas debía hacer el antepasado de los romanos.» Desde Sicilia y Etruria, el culto de Venus se propagó a toda Italia. El santuario de Roma a la Venus Erisina fue elevado el año 215 antes de Cristo. Los romanos hicieron de Venus Genitrix; la esposa de Marte. Y Luciano la celebró llamándola «voluptuosidad de los hombres y de los dioses». Una leyenda latina afirma que de las relaciones amorosas de Venus con un mortal, Aquiles, nació Eneas, del cual Virgilio hizo el héroe nacional de les latinos.

Tampoco Neptuno, en su origen italiano, fue divinidad del mar. Su culto nació en la ciudad de Tarento y llegó a Roma a principios del siglo IV antes de Cristo. Conforme Roma se Interesó por los problemas marítimos, adscritos a las conquistas militares, Neptuno fue adquiriendo mayor relieve.

Vulcano aparece en Italia con el nombre de Volcanus, y no como deidad subterránea, sino como dueño del rayo y del trueno. Una leyenda latina le hace padre del rey Servio Tulio. Bajo la influencia helénica, Volcanus se asimila a Hefesto, y ya no és el dueño del rayo, sino quien lo fabrica para Júpiter, y su reino se halla en el Etna e islas Lapari.

Vesta desempeñó en Roma un papel muy superior al de Hestia, su similar, en Grecia. Era la deidad del fuego hogareño. Y, caso curioso, fue la Vesta romana la que modificó los caracteres de la Hestia helénica, haciendo de ésta, que era una diosa ajena a la familia, la que presidía la intimidad ciudadana, juntamente con los Lares y las Penates. La Vesta romana, ante el mundo latino, eclipsa, a la Hestia griega, que permanece abstracta y. por lo mismo, ajena a la emoción de las multitudes.

La Deméter de los griegos, con el nombre de Ceres, fue llevada al culto latino por medio de la Campania. El año 496 antes de Cristo, en una época de carestía terrible y de una terrible esterilidad de las tierras, fueron consultados los libros sibilinos. Estos ordenaron levantar un templo a la trinidad Ceres, Líber y Libera, nombres que corresponden a Deméter. Dionisios y Cora. En este templo no podían ejercer sino sacerdotisas originarias de la magna Grecia, y las oraciones debían pronunciarse en lengua griega.

El dios Liber-Baco, en su origen, fue dios de la fecundidad, como lo prueba una fiesta famosa: la Liberalia. El culto orgiástico de Baco, se introdujo en Roma procedente de la Campania, y no con todo su desenfreno posterior, ya que las Bacchanalias no eran sino unas fiestas nocturnas, a las que únicamente eran admitidas las mujeres; poco a poco estas ceremonias degeneraron en asambleas secretas, en donde los dos sexos se entregaban a los más repulsivos excesos. Un Senado consulto del año 86 antes de Cristo, prohibió las bacanales en todo el territorio romano. Muy popular entre los romanos fue Saturno. Como casi todos los dioses de Italia, fue en su origen una deidad puramente agrícola. Sus fiestas, las Saturnales, tampoco tuvieron el carácter licencioso que en Grecia, sino otro casi religioso: e iniciaban con un sacrificio; terminado el cual todo el mundo se esparcía por las calles al grito de «Io Saturnalia!, bona Saturnalia!». Las fiestas de Saturno eran guardadas rigurosamente entre los romanos, Los niños no acudían a. las escuelas. Se interrumpían los juicios. Las operaciones militares eran suspendidas en todas partes. En su origen, no fueron las Saturnales sino fiestas campestres celebradas en el otoño, en el momento de la siega.



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